Poco acostumbrados nos tienen los alojamientos costeros a decoraciones
cuidadas. Raro es encontrar alguno en el que se haya invertido un poco de
tiempo en la decoración. Los propietarios, en ocasiones, escarmentados por los
malos hábitos de las personas que alquilan las viviendas, se limitan a “colocar”
muebles, utensilios de menaje y textiles, la mayoría de las veces sin sentido
estético, más buscando la rentabilidad a corto plazo que el bienestar de los
habitantes efímeros.
Pero creo que no estaría nada mal un cambio de actitud. Ser diferente muchas veces trae consigo ese plus que hace que las personas se decanten por una oferta u otra, y normalmente, quien tiene aprecio por la decoración y se fija en ella, acostumbra a ser una persona cuidadosa a la que le gusta dejar lo que encontró como lo encontró. Dedicarse a este tipo de público puede generar, a la larga, más beneficios que tener que estar reformando continuamente el lugar por haber sido ocupado por bárbaros.
Por lo menos a mí me haría mucha ilusión navegar por internet buscando un alojamiento y encontrarme uno como el de la fotografía, con esa decoración tan cuidada que invita a alquilar ese espacio para las vacaciones, aunque cueste un poco más que esos horrorosos apartamentos con muebles rescatados de las casas de los propietarios cuando se cansan de ellos y no saben dónde ponerlos.
No es que pidamos la decoración completa, si lo está mejor, pero con sólo reproducir la mitad del precioso ambiente que respira esa estancia nos conformaríamos la inmensa mayoría.
Me encanta el color en ese tono arena mezclado con el azul ultramar, presente tanto en los textiles como en los elementos decorativos, el juego de texturas de las fibras naturales y la madera, y cómo no, los pequeños detalles que se han repartido a lo largo de toda la estancia: el reloj en la hélice, los percheros, uno de ellos en forma de cola de ballena, los cuadros de conchas, los de corales blancos, las caracolas y para rematar la faena, dos arreglos vegetales en sendos jarrones y maceteros azules que le aportan ese toque de frescor que tanto agradecemos.
Pero creo que no estaría nada mal un cambio de actitud. Ser diferente muchas veces trae consigo ese plus que hace que las personas se decanten por una oferta u otra, y normalmente, quien tiene aprecio por la decoración y se fija en ella, acostumbra a ser una persona cuidadosa a la que le gusta dejar lo que encontró como lo encontró. Dedicarse a este tipo de público puede generar, a la larga, más beneficios que tener que estar reformando continuamente el lugar por haber sido ocupado por bárbaros.
Por lo menos a mí me haría mucha ilusión navegar por internet buscando un alojamiento y encontrarme uno como el de la fotografía, con esa decoración tan cuidada que invita a alquilar ese espacio para las vacaciones, aunque cueste un poco más que esos horrorosos apartamentos con muebles rescatados de las casas de los propietarios cuando se cansan de ellos y no saben dónde ponerlos.
No es que pidamos la decoración completa, si lo está mejor, pero con sólo reproducir la mitad del precioso ambiente que respira esa estancia nos conformaríamos la inmensa mayoría.
Me encanta el color en ese tono arena mezclado con el azul ultramar, presente tanto en los textiles como en los elementos decorativos, el juego de texturas de las fibras naturales y la madera, y cómo no, los pequeños detalles que se han repartido a lo largo de toda la estancia: el reloj en la hélice, los percheros, uno de ellos en forma de cola de ballena, los cuadros de conchas, los de corales blancos, las caracolas y para rematar la faena, dos arreglos vegetales en sendos jarrones y maceteros azules que le aportan ese toque de frescor que tanto agradecemos.
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